Como cada año el presidente de la república de Chile entrega un informe al congreso pleno con las principales iniciativas políticas del ejecutivo para los próximos meses, por primera vez en veinte años un mandatario que no será de la Concertación se dirigirá a los parlamentarios, pero como ha sido la tónica de todo este periodo "democrático" el mensaje buscará complacer a los poderosos y ninguinear a los trabajadores.
El gobierno ya ha marcado su derrotero en estos dos meses: represión a los trabajadores que hagan uso de la huelga, disminución del sueldo mínimo y congelamiento de los escasos beneficios y previsiones.
La unidad de los trabajadores organizados será la única garantía que permita revertir la situación de los meses que se avecinan donde la parafernalia del bicentenario buscará ahogar nuestras justas demandas.
¡SILENCIO!, EN COLLAHUASI LLAMAN A DEGÜELLO...
Desde los albores del Chile independiente los trabajadores de nuestro país le han pagado un pesado tributo a la historia patria. No sólo porque derramaron su sangre para liberarnos del dominio de la monarquía española, sino porque a la hora de compartir los frutos de la victoria les cerraron la puerta en las narices y les negaron la entrada al “campo de flores bordado”. Tuvieron que acostumbrarse a vivir en suburbios poco floridos y las más de las veces llenos de escombros y detritus, de ratas y arañas del rincón, de enfermedades y delincuentes. Los trabajadores chilenos no han vivido en la “copia feliz del edén” sino en la corte de los milagros.
Leer artículo de Luis Casado en El Ciudadano.
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